El Espacio de LSE

Este es el espacio dedicado a la Lengua de Signos Española. Aquí podéis encontrar diversas informaciones de interés en relación a este tema:

En nuestro país, hay casi un millón de personas con diferentes tipos y grados de sordera. De este total, aproximadamente, un 10% cuenta con certificado de discapacidad, lo que le convierte en el grupo más vulnerable del conjunto.

El colectivo de personas sordas es muy diverso. En esta variedad influyen factores relacionados con el tipo y grado de sordera, con el contexto familiar, educativo y social en el que se desenvuelve la persona sorda. Al igual que en el resto de la población, entre las personas sordas encontraremos niñas sordas y niños sordos, jóvenes sordos, personas mayores sordas, personas sordas lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, personas sordas con discapacidades añadidas, personas sordas inmigrantes, etc. Todas y cada una de ellas con sus necesidades y demandas concretas.

Las personas sordas se comunican de diferentes formas: para algunas la lengua de signos española o la catalana es su primera lengua mientras que para otras es la lengua oral; las hay que dominan ambas lenguas (signadas y orales) y se sienten igualmente cómodas con las dos mientras que para otras, una de ellas es la preferente; hay quienes aprendieron a signar desde pequeñas y otras que lo hicieron en edades adultas; algunas son usuarias de implantes cocleares o audífonos y entre ellas, hay quienes usan la lengua de signos y quienes no; además, dentro de ese grupo, hay personas que consideran que las ayudas técnicas a la audición son suficientes para participar en el mundo que les rodea mientras que para otras, aun siendo necesarias, son insuficientes.

También encontraremos personas sordas que, a causa de un sistema educativo no inclusivo, tienen problemas de expresión y comprensión de textos escritos. Esto es así porque han existido y siguen existiendo escuelas cuya metodología es puramente monolingüe, centradas únicamente en la comunicación en lengua oral que ni antes ni ahora han contemplado el conocimiento y uso de la lengua de signos durante la infancia y la juventud de las personas sordas ni tampoco animan a las familias a aprenderla.

Es importante saber que, aún tratándose de un colectivo heterogéneo, todas las personas sordas, cualquiera que sea su grado de sordera y situación individual, comparten la necesidad de acceder a la comunicación e información sin barreras

Pero… ¿Qué es la LSE? 

La lengua de signos española (también llamada, aunque menos frecuentemente, lengua de señas española), LSE, es la lengua gestual que utilizan principalmente los sordos españoles y personas que viven o se relacionan con ellos. Aunque no hay estadísticas plenamente fiables, se calcula que cuenta con más de 100.000 usuarios señantes, para los que un 20 ó 30 % es su segunda lengua. Está reconocida legalmente desde el año 2007.

Desde un punto de vista estrictamente lingüístico, la LSE se refiere a una variedad de lengua de señas empleada en una extensa área central-interior de la península Ibérica, teniendo como epicentro cultural y lingüístico la ciudad de Madrid, con modalidades propias en algunas áreas radicadas en Asturias, Aragón, Murcia, áreas de Andalucía Occidental (Sevilla, por ejemplo) y alrededor de la provincia de Burgos.

Historia de la Lengua de Signos en España

Hoy en día todos sabemos de la utilidad y necesidad de la Lengua de Signos en la comunicación de las personas sordas pero, seguro que muchas personas se preguntarán, ¿cómo surgió la Lengua de Signos?

En este artículo vamos a dar una breve, pero clara, explicación de  cual ha sido el camino que ha recorrido la Lengua de Signos, desde sus comienzos, hasta la aprobación del texto de ley presentado al Senado el pasado 9 de Julio de 2007.

Los antecedentes históricos sobre las lenguas de signos en España se inician, desde el punto de vista educativo, en el siglo XVI, cuando los monjes emprendieron la labor de educar a niños sordos. El monje benedictino D. Pedro Ponce de León enseñó a comunicarse a los niños sordos, niños que estaban a su cargo, hecho que permitió la reevaluación de las creencias profesadas durante mucho tiempo respecto de las personas sordas, contribuyendo a un cambio gradual de la mentalidad que se tenía sobre las mismas y su lugar en la sociedad. Los monasterios en esa época estaban obligadosa guardar silencio y se comunicaban utilizando signos manuales, así, por ejemplo, los benedictinos tenían a su disposición “signos para las cosas de mayor importacia, con los cuales se hacían comprender”. Pedro Ponce de León debió comprender, que era posible expresar la razón sin habla, pues él mismo lo hacía cada vez que manifestaba sus pensamientos por medio de signos monásticos y empleó con los niños sordos un sistema gestual de comunicación.

En el siglo XVII la metodología cambia, y así D. Manuel Ramírez de Carrión utilizó la pedagogia de su época para instruir a los niños preparándoles para que se integraran en la sociedad.

En la segunda mitad del siglo XVIII, D. Lorenzo Hervás y Panduro publica su tratado: “Escuela española de sordomudos o arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español”, que supone un hito fundamental en el esfuerzo pedagógico para la integración de las personas sordas.

La escuela española alcanzará a producir aún obras de tanta trascendencia para la lengua natural de las personas sordas, como el diccionario de mímica y dactilología de Francisco Fernández Villabrille, que  incluía 1500 signos de lengua de signos española descritos para su realización. Sin duda, se trata del paso más importante hacia la estandarización de la lengua de signos española dado hasta entonces, y una demostración del carácter no sólo natural, sino histórico, de la lengua de signos española.

En el siglo XIX, con el establecimiento en España de los primeros colegios de sordomudos y ciegos, se posibilita la institucionalización de la educación de las personas sordas, ciegas y sordociegas, con la consecuencia de la interacción lingüistica y social entre ellas, así como del inicio del desarrollo sistematizado de las portolenguas de signos española y catalana.

El último cuarto del siglo XX supuso la reivindicación de las lenguas de signos española y catalana como los instrumentos de comunicación propios de las personas sordas que optan libremente por alguna de ellas. Numerosos encuentros nacionales e internacionales han debatido sobre la necesidad de su reconocimiento y uso para garantizar el acceso pleno a la educación, los servicios, la vida económica y cultural, los medios de comunicación y las nuevas tecnologías de la información, así como su necesidad para el correcto desarrollo personal y la participación social de las personas sordas que han optado por esta modalidad de comunicación.

La relevancia del uso y conocimiento de la lengua constituye en la actualidad una realidad incuestionable. No obstante, y a pesar de ello, esa construcción sobre la importancia y relevancia de la lengua, se ha configurado de espaldas a otras situaciones. En efecto, el reconocimiento sobre el valor de la lengua debe responder a las necesidades de las personas con discapacidad auditiva.

Las lenguas de signos españolas, siendo las lenguas propias de las personas sordas y sordociegas que han optado por esta modalidad lingüistica, no han tenido el reconocimiento, ni el desarrollo que les corersponde, y ello a pesar de que numerosas investigaciones llevadas a cabo en el ámbito nacional e internacional han puesto de manifiesto que las lenguas de signos cumplen todos los requisitos de una lengua natural y poseen unas características gramaticales sintácticas y léxicas propias. Recientemente esta situación se ha subsanado y prueba de ello es la aprobación de numerosas normas, entre las que cabe destacar varios Estatutos de Autonomía, que reconocen la importancia de las lenguas de signos.

(Preambulo II, Ley de Lengua de Signos)

Escrito por signando.com

¿De dónde procede este nombre?

Desde el siglo X hasta principios del XIX, el lenguaje de los sordos en España se llamaba de “señas”, sin más. Durante casi todo el XIX, y a causa de influencia de la escuela francesa entre los maestros españoles, pasó llamarse de “signos”, un término hay que decir que muy “afrancesado”, y ya en el siglo XX, desde el principio hasta como mínimo el año 1992, volvió de nuevo a cambiar de nombre al denominarse “lenguaje mímico” o “gestual”, y ahora en la actualidad, en el siglo XXI, ha vuelto otra vez a cambiar a “signos”. Cuestiones semánticas al fin y al cabo.

Alfabeto dactilológico

El alfabeto dactilológico es la representación manual del abecedario en el espacio.

Se  utiliza cuando no existe un signo para el elemento o pensamiento que se desea expresar, para los datos personales (nombre, apellidos) o cuando necesitan conocer la escritura correcta  de alguna palabra.

Este vídeo es una interpretación en Lengua de Señas de la canción “Jueves”. Espero que os guste.

[https://www.youtube.com/watch?v=yH1fryPkluA]

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Un comentario sobre “El Espacio de LSE

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